El objetivo no es la victoria. No puede serlo. Sería demasiado cruel. Frustración sobrevenida, siempre a la vuelta de la esquina. Porque, fácil o difícil, una de las premisas para que un objetivo sea realista es que tiene que ser alcanzable por méritos propios. Y nada, a día de hoy, garantiza la victoria. Y menos en una categoría como esta Segunda División, donde el equipo con el quinto presupuesto más bajo del campeonato corona la cima de la clasificación. El objetivo no es la victoria. No puede serlo.

El objetivo es salir a ganar. La victoria, entonces sí, se convierte en su primera consecuencia. Lo exigible es la actitud, la intensidad y la capacidad de reacción, las capacidades futbolísticas ya se presuponen. Llegar al límite y derribar esa frontera cuando sea necesario. Intentar superar al rival, sí hay un rival, sobreponerse a una mala decisión arbitral o a un gol en contra. Variables externas, presentes en cada partido. Decisión, voluntad, hambre y ambición. Y aún así, los tres puntos no están asegurados. El objetivo no es la victoria. No puede serlo.

De lo que se trata aquí es de salir a ganar como lo hace este Mallorca, no de hacer una apología de la derrota ni de conformarnos tan solo con participar. No, ni mucho menos. Porque este Mallorca no pierde, a este Mallorca le ganan. Los de Vicente Moreno exigen a cada rival hasta su última gota de esfuerzo antes de hincar la rodilla. En esos casos, no queda más que felicitar al adversario y seguir trabajando. Sin frustración, sin drama. Al fin y al cabo, es algo que podía pasar.

Y, aunque la victoria no es el objetivo, cuando sales a ganar como lo hace este Mallorca siempre está más cerca. Y acaba por llegar. Y sacia sin empachar, sin empalagar. De manera natural, orgánica. Se cumple la promesa del trabajo bien hecho. La perseverancia y la constancia cobran sentido. Y confías. Y vuelves a salir a ganar.

El objetivo no es la victoria. No puede serlo. Tampoco lo es el play-off ni el ascenso. Todo eso queda muy lejos, demasiado lejos. Pero en el horizonte se dibuja la ilusión, más como un premio que como una obligación. Porque este equipo, de momento, sí que cumple en cada partido, más allá del resultado. Y si hace dos temporadas mantuvimos viva hasta el último momento la llama de la esperanza por la supervivencia, cuánto no nos vamos a alegrar ahora, simple y llanamente, de preocuparnos por vivir. Tiempo hemos tenido, y tiempo volveremos a tener, para jurar en arameo y maldecir nuestra fortuna. Pero ahora, no. Ahora nuestro único objetivo es disfrutar. Disfrutar con la misma intensidad con la que el Mallorca sale a ganar.