Todavía se acuerdan de él por Mestalla. Y tanto. Lateral izquierdo, llegó con 32 años para retirarse y los acabó enterrando a todos, incluso a su socio Angloma. La grada sentía, siente, devoción por él. No dudan, no titubean. Todavía hoy, preguntes al aficionado ché que preguntes, todos te darán la misma respuesta: Amedeo Carboni. El italiano es el icono del último gran Valencia. Por encima de ‘el Piojo’ López, ‘el Kily’ González, Gaizka Mendieta, ‘el Pipo’ Baraja, Vicente, Ayala y Pablo Aimar. Por encima de Héctor Cúper, Rafa Benítez y Claudio Ranieri. Por encima de Ligas ganadas y Champions perdidas.

Su fichaje despertó tantas dudas como el Mallorca a principios de temporada. ¿Qué hace un abuelo en un equipo como éste? ¿Qué será de nosotros con tantos jugadores de Segunda B en la categoría de plata? Y llegaron las victorias, los empates y las derrotas. Algún título, un ascenso. Números, estadísticas. Cábalas, al fin y al cabo. Armas arrojadizas de ida y vuelta. Boomerangs disfrazados de clasificación.

Mientras, el balón seguía, sigue, rodando. Carrera aquí, último esfuerzo allá. Entreno. Pocas palabras. Sin focos que nos hagan confundir el camino. Basta con darle patadas a un balón. Pero con pasión. Con respeto. Un partido, y otro. Hasta llegar a los 40. Hasta colarse en la memoria de una afición. Sudando, trabajando, sufriendo. Y, en alguna ocasión, dándole patadas a un balón.

Jugar. Pero jugar como lo hacen los niños pequeños, no nos confundamos. Dándolo todo, viviéndolo todo. Creyendo que todo es posible. Vivir jugando o jugar viviendo. Pero con ilusión. Con esperanza. Esa que le devolvió Carboni a la ciudad del Turia. Esa que se respira de nuevo en Son Moix. Y en caso de no conseguir la maldita victoria hoy, sonreír satisfecho, paladeando el dulce regusto del trabajo bien hecho.

No se puede reprochar la mala primera parte en Oviedo ni el error de Aridai en el ’93. ¿Qué son tres puntos si los comparamos con volver a sonreír? No. Lo importante no es eso. Jugar mal lo sabe hacer todo el mundo. Lo extraordinario es reaccionar. Una vez. Y otra. Y otra. Y correr. Correr con la misma voracidad para recuperar un balón como para encarar a un portero. Eso no es lo normal. ¿Qué más da si esta vez no entró? Ya lo hará. Jugando así, lo hará.

Carboni no era el mejor. Exactamente igual que este Mallorca en Segunda División. Pero, más allá de sus cualidades futbolísticas, tanto él como los actuales jugadores del Mallorca son profesionales, el zurdo corrió, sufrió, pero sobre todo, fue feliz.

* Artículo publicado en El Mundo – El día de Baleares el 8 de Noviembre de 2018.