Año I en el Destierro. Jornada 30. Mallorca 1 – Formentera 1

A mí las cosas me gusta hacerlas a lo grande. Y, ahora mismo, por más que sienta algunas punzadas de insatisfacción, no puedo criticar al equipo como a mí me gustaría. Porque puestos a criticar, yo quiero hacerlo de una manera plena, sin medias tintas. Sobrepasando lo políticamente correcto, soltando algún que otro improperio.

Y más allá de cuatro partidos malos, tirando a muy malos (partidos que todos hemos visto/padecido/sufrido), mi bilis no tiene nada más que llevarse a la boca. ¡Qué cabritos son estos jugadores del Mallorca! Es que ni salen por el Paseo Marítimo, ni se saltan entrenamientos, ni siquiera se arrastran sobre el terreno de juego… ¡Si es que no parecen futbolistas! A esto se debían referir cuando aseguraban que la Segunda B era una categoría semiprofesional…

Busco, rebusco, le doy la vuelta a la clasificación y, ni tan siquiera así, encuentro motivos suficientes para dar rienda suelta a mi mala baba. Claro que se me ocurren cuatro chistes malos y algún que otro comentario oportunista, pero, serían tan poca cosa, que ni me servirían a mí como desahogo ni aportarían nada para revertir el bache por el que pasa el equipo.

Lo he repetido en más de una ocasión a lo largo de la temporada. Ni el Mallorca era la quintaesencia de este deporte al principio del campeonato ni ahora está luchando por evitar el descenso. Estamos mejor que nadie, mejor incluso que antes de empezar, y los nervios se tienen que instalar en otros vestuarios. Es a ellos a quienes se les agota el tiempo.

Transmitir calma y gestionar la ansiedad de los futbolistas son las tareas principales de Vicente Moreno ahora mismo. El Mallorca lleva luchando consigo mismo desde que consiguiera ese desorbitado colchón de puntos al inicio del curso. El equipo depende de sí mismo, y eso es mucho más de lo que pueda decir cualquiera de sus perseguidores.

Pero no sólo de psicólogo debe ejercer el míster. Lago vuelve tras su lesión y Álex López y Raíllo hacen lo propio tras sus respectivas sanciones. Sangre fresca, no contaminada por la histeria colectiva. Incluso James está llamando con fuerza a las puertas de la titularidad. Hay alternativas, hay vida, hay esperanza. Lo que sobran son nervios.

Tantos años de infortunio quizá ha confundido a más de uno, que ha convertido en norma permanente la sana costumbre de criticar cuando es necesario. Habrá tiempo para todo, pues estoy convencido de que el futuro les deparará una cantidad ingente de razones para satisfacer sus necesidades. A cada día le basta su contrariedad y, el presente, exige una tregua. El equipo se la ha ganado y el aficionado se la merece.

RCD Mallorca: Reina; Sastre, Xisco Campos, José Ángel (Núñez, 25′), Bonilla (Cedric, 77′); Aridai, Pedraza, Salva Sevilla, Lago Junior; Álex López y Abdón Prats (James, 63′).

Goles: 0-1 (7′) Control y media vuelta desde la frontal. Golazo; 1-1 (89′) Joan Sastre de cabeza a la salida de un córner.

* Artículo publicado en El Mundo – El día de Baleares el 22 de Marzo de 2018.