Año I en el Destierro. Jornada 27. Cornellà 3 – Mallorca 1

La crisis de bipolaridad galopante sufrida por el mallorquinismo tras la cornellada del domingo es la evidencia inequívoca de que las cosas se están haciendo medianamente bien sobre el césped, natural o sintético, esta temporada. Una derrota dura, sin paliativos, pero que no debe dejar cicatrices, más allá de las necesarias, de cara al tramo final de este eterno calentamiento disfrazado de temporada. Es compatible, os lo aseguro, calificar de nefasto el partido y evitar hacer un drama de la situación.

No busco atenuantes. No los hay. Los suplentes del Mallorca deberían haber ganado a los titulares del Cornellà. Pero qué queréis que os diga. El fútbol tiene sus cosas. Y a veces éstas ocurren porque sí. No como premio o como castigo. No somos tan importantes. Simplemente, pasan. Todos sabemos ubicar Odense en el mapa gracias a otra derrota (más) humillante e inesperada. Más, muchas más se tendrían que dar. El fútbol sería más bonito y el Mallorca se beneficiaría de ello.

Ya digo que no ando buscando excusas, ¿para qué? Pero estoy convencido de que la presencia de rayas azules sobre el terreno de juego turbó a más de un bermellón antes del inicio del partido. Ya las habíamos visto rojas y amarillas esta temporada, pero azules… Tampoco vimos a ningún empleado del club local resguardándose del frío con la mantita del Madrid. Una estampa bucólica que sí vimos, por ejemplo, en Sagunto. ¡Qué desfachatez! El Cornellà salió a ganarnos y lo consiguió. Hábrase visto…

A todos nos dolió perder en Cornellà. Pero habrá que naturalizar la situación más pronto que tarde. La victoria en el Nou Municipal no es condición sine qua non para conseguir el ascenso. Como tampoco lo era la maldita imbatibilidad. Ya nos hemos quitado dos lastres de encima.

Es cierto que la temporada ha estado trufada de victorias y sensaciones maravillosas. Pero se está haciendo larga. Muy larga. Tanto para jugadores como para afición. Es el momento de hacer un último esfuerzo. La tranquilidad y la serenidad son las llaves que nos van a permitir llegar a la penúltima estación, esa maldita ruleta rusa ataviada de play-off. Y de nada sirven ahora las lamentaciones. Conocíamos las reglas del juego antes de empezar.

No. Perder de manera aislada no es tan importante. Más si cuando tus rivales directos no han sido capaces de ganar. Ya nos preocuparemos de eso, si hace falta, llegado el momento. Pero para lo que sí están estos partidos es para aprender. Y después de la clase magistral de Álex López en Llagostera, parecía que la lección había quedado clara. Se ve que Raíllo no asistió a clase. Y eso, eso sí, me molesta bastante más.

RCD Mallorca: Reina; Gámez, Xisco Campos, Raíllo, Bonilla (Salva Ruiz, 77′); James, Pedraza (Faurlín, 72′), José Ángel (Ndi, 61′), Damià Sabater, Cedric; Abdón Prats.

Goles: 1-0 (14′) Gol del Cornellà a saque de banda. Nada más que añadir; 2-0 (68′) Diagonal de Fito (no el de la boina y la guitarra, otro) desde la derecha que culmina con un buen zurdazo ; 3-0 (87′) No lo recuerdo; 3-1 (93′) Abdón transforma uno de esos libres indirectos desde la frontal del área pequeña que no se meten nunca.

* Artículo publicado en El Mundo – El día de Baleares el 28 de Febrero de 2018.