Año I en el Destierro. Jornada 22. Mallorca 3 – At. Baleares 2

Empiezo a estar ya cansado. Da igual si el equipo gana, empata o pierde. La Segunda B no es una categoría digna para el Mallorca. Y te lo repiten. Una vez. Y otra. Profetas sin mácula, se afanan por recordarnos lo que todos ya hemos padecido, visto y oído. “Tú, pecador, ¿por qué sonríes? ¿Acaso no recuerdas dónde estamos?”.

Y bien que lo sabemos. Demasiado bien. En el pozo. En el barro. Pero incluso aquí, una vez traspasadas las puertas del infierno, prefiero ser un optimista equivocado a un cenizo al que le asiste la razón. No importa la categoría, el rival o el resultado.

Importa el corazón, ese que no le cabe en el pecho al lateral derecho del Mallorca. Porque si Derbi es el nombre de una moto, Sastre es el apellido de un jabato. El 2 no es el mejor, ni el más guapo, ni siquiera es el más rápido. Pero es el auténtico termómetro de este equipo. Más allá de su acierto, sus subidas por la banda son el prolegómeno de una victoria bermellona. Y así nació el empate. Y la remontada. Y los tres puntos.

Y qué bonito fue. Remontar. Por dos veces. En un Son Moix entregado, vibrante. Feliz, de algún modo, de recibir al At. Baleares. Porque cuando vivir es una quimera, sobrevivir con garbo es toda una hazaña. La grada. Qué bonita estaba. Y cantó. Y bailó. Y fue feliz. Y el mallorquinista disfrutó más por el descubrimiento de ese otro mallorquinista, que de la pulla al vecino blanquiazul. Porque no se puede odiar lo que no se conoce. Y por un motivo u otro, tras 38 años desde el último envite, hay más de una generación que el domingo vivió su primer derbi en directo.

Porque aquí no se trata de odiar a nadie. ¡Qué necesidad hay de ello! Aquí de lo que se trata, como defiende un fenómeno como Joan Sans, es de “amar más. En general”. Como Aridai, canario discípulo de San Agustín, a quién el cuero no le quema. El balón no es un desconocido. Ya no hay silencios incómodos entre ellos. Confían el uno en el otro, y lo intentan. Y, aunque nos parezca extraño, eso es lo mínimo. Y algo debió barruntar Salva Sevilla ante los balearicos. Porque después de mucho tiempo, volvió a dar ese pase al espacio. Ese que te acerca al marco rival. Al gol. A la victoria. Tiene que seguir por esa senda. Probarlo. Mucho más. Porque intentarlo es el primer paso para lograrlo.

Dejadnos seguir intentándolo. Ser felices, digo. Aunque la Segunda B sea como una vejez futbolística prematura. Porque ya lo dice Antonia Font que incluso allí, en el ocaso, “ses velles se xapen de riure”.

RCD Mallorca: Reina; Joan Sastre, Xisco Campos, Raíllo, Bonilla; Bustos (Fernando Cano, 74′), Pedraza, Salva Sevilla (James, 88′), Aridai; Cedric (José Ángel, 86′) y Álex López.

Goles: 0-1 (39′) Pedraza deja pasar un centro desde la banda derecha que sorprende a Reina; 1-1 (48′) Aridai remata a la perfección el rechace de un balón al palo después de una gran jugada de Joan Sastre; 2-1 (57′) Salva Sevilla desde la frontal; 2-2 (71′) Alguien a saque de esquina; (73′) Centro desde la izquierda de Aridai y remate de cabeza made in Álex López.

*Artículo publicado en El Mundo – El día de Baleares el 24 de Enero de 2018.