“Hay que celebrar, hay que hacer de cada partido una fiesta. No sé bien cómo, pero creo que esa es la única manera de sobrevivir a las derrotas. Celebrar y abrazarnos, aunque sólo sea para desconcertar a los que ganan, a los que mandan. Que al menos se pregunten por qué somos tan jodidamente felices siendo del Murcia o del Mallorca”. Esclavo y profeta del murcianismo, Alejandro Oliva (Murcia, 1975), ruge. Lo hace con Luis María Valero, otro animal, en su libro Hasta el Final (Editor Diego Marín, 2016) y en su crónica semanal (no escrita, sangrada) en Mondo Moyano. Suya es la voz que clama en el desierto de la Segunda División B y anuncia una primavera que no acaba de llegar. El Segura, teñido de grana, riega la semilla pimentonera y lame las heridas de su ciudad. De fondo, siempre, Oliva ruge. Como ese león del Atlas. Como las olas del Mar Menor.

Directo, sin tapujos. “La Segunda B es una vergüenza para el fútbol español, una auténtica mierda anacrónica y sin sentido que la Federación no se atreve a reformar. Desde hace muchos años este deporte, sus clubes y sus aficionados no son prioritarios para los que mandan. Es demasiado fácil llegar y demasiado difícil escapar”. Por si no fuera suficiente, Oliva se encarga de animar un poco más al aficionado bermellón. “Al Mallorca le espera el grupo más duro. Tradicionalmente siempre nos lo ha parecido, porque se nutre de las terceras catalana y valenciana, que son casi como grupos de Segunda B. La caída del Elche complica todavía más la competición”.

El Murcia, el rey de Segunda División con 53 temporadas en la categoría de plata, afronta su cuarto año en la B. “Aquí se tuvo el acierto de contar con José Manuel Aira (actual entrenador del Albacete) el primer año. Nos bajaron en los despachos en agosto y nos dejaron sin jugadores, en el grupo del Norte. Era un año en el que lo normal hubiera sido sufrir. Pero el trabajo de Aira, con dos o tres buenos refuerzos, fue brutal. Los dos años siguientes hemos tenido mejores futbolistas y mejor planificación, pero no nos ha dado para subir. Es muy difícil” (el Murcia lleva tres años consecutivos quedando segundo en su grupo y cayendo posteriormente en el play-off).

“Aquí los partidos se ganan como en todas partes: con orden y concentración en el campo y acierto en las áreas. En principio, el Mallorca de Vicente Moreno será un equipazo, muy difícil de ser vencido, a poco que arranque bien o le dejen tiempo. Pero Lo será por Vicente Moreno y por esa plantilla que empieza a vislumbrarse, no por el nombre ni por el escudo”. La historia no cuenta en una competición donde no está permitido “tirar la toalla. Hay equipos malísimos que juegan de pena, pero que reaccionan y suben, incluso jugando mal. De repente aprenden a competir y a ganar partidos. También hay equipos muy buenos que parecen insuperables y que se desploman en unas semanas. Paciencia. Y apoyo, siempre que sea posible. Pero sobre todo, paciencia. La vida es muy corta, las semanas pasan rápidas, pero las temporadas son larguísimas, sobre todo en Segunda B”.

El club ha rondado los 7.000 abonados desde su descenso administrativo en 2014. Si bien Oliva reconoce que “la entrada media en invierno es de 4.000 personas. El largo invierno”. Sale el sol, y el Murcia tiene en su mano el pase a la final del play-off. Trae un 2 a 1 en contra de Mestalla y Nueva Condomina presenta una imagen de Primera con más de 21.000 espectadores. “Cada uno que viva el fútbol a su manera. Hay dos tipos de aficionados, porque hay dos tipos de fútbol, que suelen tener poco que ver el uno con el otro. Por eso el desencuentro es absoluto entre unos y otros. Hay quien ve el fútbol como evasión, como un alivio para los males del día a día, porque en la vida casi siempre perdemos, tarde o temprano siempre perdemos, y sufrimos, y nos ocurren desgracias inevitables. Y es muy comprensible que en el fútbol esos no busquen más sufrimiento, sobre todo cuando tienen a su alcance ser 12 veces campeón de Europa o disfrutar del espectáculo y los títulos del Barça de las últimas décadas. Son, además, enamorados de Rafa Nadal y Gasol, curiosamente, o de Alonso cuando ganaba; de los Lakers, los Cavs o los Warriors ahora. Es comprensible: es una manera de ver el deporte, es una manera de ganarle a la vida, por una vez. Pero hay otro fútbol, hay otro aficionado, que de alguna manera ve el fútbol como la vida, que da alegrías, a veces, y tristezas, casi siempre. Ese aficionado jamás desaparecerá de la grada, porque jamás dejará de visitar a su madre ni de arropar a sus hijos por la noche”.

¿Vamos a ver a nuestro equipo o vamos a ver ganar a nuestro equipo? ¿La categoría influye en algo? “Es una gozada que tu equipo gane, joder. Es evidente que con el Mallorca de Cúper, el de Manzano o el de Luis el mallorquinismo se multiplicó para ver ganar a su equipo. Pero hay quien ha seguido yendo a ver al Mallorca de Yuste, incluso con la esperanza de que ganaría algún partido”. Ningún descenso ha hecho mudar el sentimiento de Oliva por el Murcia, más bien todo lo contrario. “Yo me he sentido igual de murcianista en todas las categorías, aunque es evidente que en los descensos de la adolescencia es cuando uno se hace de su equipo para siempre. En mi caso, cuando el Murcia bajó a Tercera en 1995, a la Tercera actual, que es una categoría regional, me fui a vivir a 800 kilómetros de Murcia y en ese momento, absolutamente desinformado, sólo por lo que me contaba mi padre por teléfono cada dos o tres días, sin Internet ni radio ni una mísera línea de un diario, sabes que serás del Murcia para siempre”.

Murcia, Mallorca, Racing, Elche, Logroñés, Recreativo… Todos en Segunda División B. Todos fuera de sitio. Y, sin embargo, todas sus aficiones suspirando ya por el inicio de una nueva temporada. ¿Por qué? “Porque el puñetero fútbol es eso, afortunadamente. Es un camino que no se para jamás. Es volver a ser el niño que quiere jugar tan pronto como pueda. Por eso es tan absurdo magnificar las victorias o las derrotas, que duran una noche, o dos o siete, o como mucho un mes. Lo importante es seguir, volver a jugar año tras año, domingo tras domingo. Saber el calendario pronto y volver a soñar”.