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Sólo un penalti inexistente transformado por Jorge Molina en el minuto 82 privó a un serio Mallorca de asaltar el Coliseum Alfonso Pérez Muñoz. El resultado, sin ser malo, deja un sabor agridulce, pues el golazo de Lekic en la primera parte y el trabajo de todo el equipo durante los 90 minutos se vieron saboteados por la decisión de un árbitro de cuyo nombre no quiero acordarme.

De la mano de Olaizola, el equipo salió valiente y sin ningún complejo de inferioridad en el feudo del tercer clasificado. Esa es la actitud correcta, pues como ya hemos defendido en más de una ocasión, no hay partido imposible en esta Segunda División. La posición clasificatoria de los equipos no es más que un hecho circunstancial, que puede variar en cuestión de un par de jornadas, y que demuestra que en esta categoría la igualdad es la que manda.

Los bermellones se mostraron sobrios, férreos en defensa y con una actitud propia del Olaizola vestido de corto. ¡Si hasta Moutinho cometió la primera falta del partido tras una entrada intentando recuperar un balón! Bien por el portugués, a quien sólo le falta ese punto de entrega y sacrificio para transformar en aplausos los pitos que escucha cada vez que juega en Son Moix. Otro nombre destacado fue el del hombre de moda, Dejan Lekic. El serbio está encantado con su nuevo rol de héroe por accidente tras la lesión de Culio. Frente a los azulones marcó un auténtico golazo desde la frontal. Control y disparo,  nada más. El travesaño y la espalda del portero hicieron el resto. Cabe destacar también la soberbia actuación de Yuste, el líder indiscutible de la defensa balear. No es el más rápido, pero su inteligencia táctica le permite frenar muchas acciones de los delanteros rivales. Ayer se cruzó en más de una ocasión con valentía, evitando males mayores. Saúl volvió a mostrar un buen rendimiento, pero debe tener mucho cuidado en algunas pérdidas cuando el equipo sale desde atrás.

El punto es un paso más en la lucha del Mallorca por atar la permanencia cuanto antes. Porque, no lo olvidemos, ese sigue siendo el primer objetivo del equipo. El puerto de montaña que hay que coronar antes de que nadie se confunda de camino. Un camino exigente, en el que no valen los atajos. Porque, con paciencia, el equipo llegará más lejos con empates como el cosechado en Getafe que con victorias como la conseguida en Córdoba. Hay que apostar a ganador, poner a la fortuna de nuestra parte. Dejarla sin argumentos en nuestra contra para que no vuelva a castigarnos con arbitrajes como el de ayer.

*Columna de opinión publicada en El Mundo – El día de Baleares el 16 de Enero de 2017.