Lo que exige el mallorquinismo de su equipo es mucho más sencillo de lo que parece, pero no se puede explicar a través de las matemáticas. La aritmética se hace añicos cuando intenta entender por qué tras idéntico resultado, con tan sólo dos semanas de diferencia, un día la afición abronca a los suyos y otro los despide con una ovación. El botín conseguido ante Zaragoza y Sevilla Atlético es exactamente el mismo, pero los mensajes lanzados desde el banquillo, el terreno de juego y la grada no tienen nada que ver.

Si muchos consideran que ante el Zaragoza se consiguió el empate aún a pesar de las decisiones de Fernando Vázquez, los cambios introducidos por el gallego frente a los andaluces fueron un acierto y acercaron al equipo a su objetivo. Y eso que de nuevo, una vez más jugando en casa, el gallego tuvo que modificar su planteamiento de inicio con un solo punta. Pero esta vez lo hizo con tiempo suficiente, ya en el descanso. Lekic acompañó a Brandon en ataque y el Mallorca empezó a inclinar el campo. El cambio demuestra que Vázquez tiene cintura suficiente para rectificar su propio error, pero deja en evidencia también que su empecinamiento en abandonar a Brandon a su suerte es una decisión a todas luces equivocada. Eso sí, casualidad o no tras la bronca frente a los maños, el entrenador ya no cometió el  error de sustituir a Lago Junior, quien agradecido, le recompensó con un gol todo potencia y calidad.

Si la calidad de un futbolista viniera marcada por el tamaño de su corazón, Biel Company acumularía más balones de oro que Messi y Cristiano Ronaldo juntos. El 2 bermellón, mallorquín y mallorquinista, no es el jugador más talentoso de la plantilla, pero su entrega, su lucha y su sacrificio le convierten en el referente que el grupo necesita en los momentos más delicados. Un choque valiente, una recuperación a ras de suelo o una carrera para salvar un balón que estaba perdido son, en muchas ocasiones, la chispa que necesitan sus compañeros para dar ese paso al frente que demanda la afición.

Una afición tan sabia como justa, a la que no es fácil dar gato por liebre. Una afición deseosa de aplaudir a los suyos hasta quedar con las manos amoratadas. Una afición que vibró con una remontada que se quedó a medias, pero que hasta hace muy poco nadie hubiera podido ni imaginar. Una afición que por lo visto no entiende de matemáticas, pero que sí sabe mucho de fútbol. De ese fútbol que practica un equipo cuando sale a ganar, aunque luego a veces no lo consiga. Ese fútbol por el que merece la pena acercarse a Son Moix.

*Columna de opinión publicada en El Mundo – El día de Baleares el 23 de Noviembre de 2016.