Huérfano de ídolos locales tras la marcha de Marco Asensio al Real Madrid, el mallorquinismo ha encontrado en Brandon Thomas Llamas (Cala  d’Or, 04.II.1995) una nueva figura a la que rendir pleitesía. De características diametralmente opuestas, ambos son fruto de una cantera sobre la que descansa buena parte del proyecto diseñado por la nueva propiedad. Con seis goles en doce partidos, Brandon ya ha igualado su mejor registro en Segunda División y se erige como el máximo artillero entre las huestes de Fernando Vázquez. Brandon, o la invención del 11.

El césped de un campo de fútbol se extiende para Brandon como lo hace la sabana para la gacela en el Serengueti. De movimientos rápidos y bellos, ambos han desarrollado un sexto sentido que les permite intuir el peligro que siempre acecha. Inalcanzables en campo abierto, los dos dejan atrás a sus depredadores a golpe de zancada. Ejecutan a una velocidad de vértigo un baile tan elegante como efectivo. A una le sirve para mantenerse con vida, mientras que al otro le acerca a la portería contraria, su único objetivo.

La soledad les condena y les convierte en presa fácil. Buscan, se asocian y se sienten seguros en el grupo. La primera se mueve siempre en manada, mientras que Brandon requiere la presencia de otro punta para sacar a relucir todo su repertorio. Sacrificados como pocos, ambos entienden que el bien común prevalece y que ellos son los primeros beneficiados.

Si de la gacela ha heredado su instinto de supervivencia, del caballo de Espartero ha heredado el tamaño de sus atributos. Con tan solo 21 años, impresionan su descaro y gallardía. Siempre en primera línea, tira del grupo, nunca se esconde. Las críticas ya no son unas desconocidas para él. Algunas justificables, como las que recibió por su bajón de rendimiento tras renovar la temporada pasada, otras no tienen ningún tipo de sentido. Sentido no tiene correr en el minuto 94 como si acabara de arrancar el partido, superando rivales por velocidad tras haber bregado en solitario todo el encuentro. Y no, no la metió en Tenerife, pero es que si no estuviéramos hablando de Brandon esa oportunidad ni siquiera habría existido.

Serán ese peso con el que carga en la zona noble y el efecto de la fuerza de gravedad los que hacen que Brandon se sienta tan pegado al suelo, tan cercano a la tierra que pisa y que le ha visto crecer. Disfrutemos de él, seamos pacientes con sus errores y premiemos su entrega partido tras partido. Que corra, que juegue, que se divierta nuestra gacela de Cala d’Or sobre el césped de Son Moix.