Gris plomizo, casi negro. Así amanece Fernando Vázquez todas las mañanas desde su regreso a la Isla, el pasado mes de enero. No se trata aquí de hacer una defensa a ultranza del técnico gallego. No es posible. Sus decisiones en Tarragona le han convertido, con toda justicia, en un blanco fácil. Pero sí es honesto también reconocer algunos de los aciertos que llevan su firma durante la presente temporada. De todos modos, él lo sabe más que nadie, la clasificación manda. Ha llegado el momento de arriesgar, o de morir en el intento.

Si los números eran los que angustiaban en las últimas jornadas, ahora son sus conformistas decisiones las que aprietan el cuello del técnico gallego.  Fuera de Son Moix, el Mallorca se transforma. Siempre a peor. No importa cuál sea el rival. Una fea costumbre heredada desde la temporada del descenso a Segunda División y que Fernando Vázquez se está encargando de convertir en un mal crónico que limita sobremanera la capacidad competitiva del equipo.

Por otro lado, durante este campeonato, hemos disfrutado del mejor fútbol visto por estos lares en los últimos tiempos. Los partidos frente a Oviedo, Girona o Alcorcón, por poner un ejemplo, muestran una mejora sustancial en cuanto a presión, lucha e intensidad. Vocablos pretéritos en el vocabulario bermellón, cada vez más corto y pesimista.

El Mallorca cumple en casa, pero patina a domicilio. ¿Es eso suficiente? Depende de dónde se haya fijado uno el nivel de exigencia. El míster cometió un grave error al asegurar que el equipo lucharía por el ascenso directo desde el primer día. Pero uno peor, más teniendo en cuenta los últimos precedentes, cometieron aquellos que se creyeron sus palabras.

No justifico al técnico. Ni mucho menos. Estoy convencido de que la plantilla da para mucho más que para estar a tan sólo dos puntos del descenso. Su mayor problema es que ella misma se ha encargado de demostrarlo. No sirven, pues, las excusas disfrazadas de lesiones, malos arbitrajes o falta de acierto. Con 12 jornadas transcurridas, el campeonato coloca a cada uno en su lugar. Vázquez y su grupo todavía no han tocado techo, pero deben aprender, de una vez por todas, que la fortuna sólo sonríe a los valientes.

El de Castrofeito, pues, se debe sentir como en casa. A base de perpetuar el mismo error ha conseguido trasladar a la Isla el clima de su Galicia natal. Aquella Galicia donde, en palabras de Siniestro Total,  el cielo es siempre gris.

*Artículo publicado en Fútbol desde Mallorca el 2 de Noviembre de 2016.