El Mallorca es un buen invitado. Eso hay que reconocerlo. El equipo de Fernando Vázquez agasaja a todos sus anfitriones con los minutos que necesiten para adelantarse en el marcador. En esta ocasión fueron 21 durante los que se ausentó el conjunto bermellón y que aprovechó, cómo no, el Nàstic de Tarragona. Tras un par de saques de esquina y alguna que otra falta lateral con peligro, Juan Muñiz adelantó al colista tras un golpeo directo desde la frontal en el que Santamaría pudo hacer algo más. Los fantasmas volvían a asomar y parecía que el Mallorca iba a firmar su derrota habitual frente al colista.

Es ese dejarse llevar, esa incomparecencia voluntaria sobre el terreno de juego, lo que encrespa al aficionado bermellón en cada partido fuera de Son Moix. Y no está el conjunto balear para resucitar muertos, aunque estemos en vísperas de Tots Sants.

La primera parte acabó sin pena ni gloria, amén de un espectacular remate de Lago Junior a la cruceta tras un centro medido de Campabadal desde la derecha. Se preveían cambios en el descanso y Fernando Vázquez optó por sacar a Lekic y sentar a Damià Sabater.

Brandon, otra vez Brandon, le echó una mano al míster y empató el partido a los 30 segundos de la reanudación. Después de un tango tan breve como bello con Suzuki, el de Santanyí alojó el balón en la red con un derechazo desde la frontal, imparable para Dimitrievski. Quedaban 45 minutos y el Mallorca tenía la obligación moral de ir a por la victoria. Pero Fernando Vázquez, temeroso de natural, se asustó de su propio atrevimiento y decidió introducir en el 64 a Ansotegi por Óscar Díaz en toda una declaración de intenciones.

El fútbol castigó ese gesto rácano del de Castrofeito y mandó al recién incorporado Jean Luc para que, tras dejar atrás a un blando Oriol, pusiera por delante de nuevo al conjunto catalán con su pierna izquierda. Los aficionados locales se disponían ya a disfrutar de la primera victoria de la temporada. Vázquez, en un gesto contranatural y obligado por el resultado, se vio forzado a sustituir a Yuste por un Moutinho que a la postre resultó decisivo. No en vano, un centro medido del suizo-portugués supuso el tanto de cabeza de Brandon, otra vez Brandon, que evitó una nueva derrota del Mallorca a domicilio.

El resultado, sin ser brillante, es lo mejor de un partido gris que vuelve a dejar en evidencia la falta de ambición de Fernando Vázquez a domicilio. Un Fernando Vázquez que se empeña, cada dos semanas, en tirar por la borda el crédito que gana con sus buenas actuaciones en Son Moix.

*Columna de opinión publicada en El Mundo – El día de Baleares el 31 de Octubre de 2016.